Haciendo nuestro propio camino (en español y reloaded)

Estaba temerosa sobre nuestro viaje a Egipto. La gente te dice tantas cosas que resultaba difícil abstraerme de esos pensamientos. Con Karina pasamos el fin del 2018 en Atenas. Mucha lluvia, a baldazos, pero quién nos quita haber cenado en el lugar más raro de Plaza Exarcheia y luego gritar Feliz Año Nuevo en la Plaza Sintagma.

El 2 de enero, por la madrugada, volamos a desde Atenas a El Cairo. La aventura comienza. Dos mujeres solas por Egipto durante 15 días. Un poco más que la general, pero es de esos viajes que planeas toda la vida y no queríamos correr. No reservamos ningún tour. Nuestro plan era hacerlo por las nuestras, como lo hacemos en todos los viajes que organizamos. Los comentarios que nos hacían y que leíamos, nos picaban la cabeza como el pajarito de la propaganda de los Twistos. Decidimos estar atentas, pero tampoco maquinarnos. Teníamos reservas en hostels y sabíamos que transportes usar entre las ciudades.

Apenas desembarcamos en el aeropuerto de El Cairo tuvimos el primer contacto con los conductores de taxis. Tal cual nos lo habían dicho. Te hablan y hablan y hablan rebajando el precio hasta que te convencen. No fue nuestro caso. Teníamos que ir a Alejandría y nos ofrecían un auto para dos por 70 euros (100 en un principio), pero para nosotras era un dineral, incluso dividido por dos. El tema es que pensaban que éramos españolas. No daba ponerse a explicarles el valor de la moneda argentina. Luego de rechazarlos en varias oportunidades, desistieron.

Sabíamos que había un micro que salía directo desde el aeropuerto hacia Alejandría. Costó un poquito encontrarlo, pero lo logramos. Había que tomarse un shuttle gratuito hasta la terminal de vuelos domésticos. Justo había una camioneta de policías así que les preguntamos y nos ayudaron a encontrar el micro que buscábamos.

Arrancó el viaje con nosotras dos nada más, luego fue parando varias veces hasta que se llenó. Las señoras mayores que subían nos miraban y sonreían. Cuando pasan cosas así me pregunto qué pensarán. Prácticamente cruzamos Cairo y nos fuimos dando una idea del caos vehicular que nos habían contado. Lo más llamativo del viaje era ver gente que en medio de un puente, por ejemplo, se acercaba a la ventanilla del conductor, le daba paquetes y le pasaba el dinero disimuladamente. Se ve que era flete de encomiendas también.

Tras un muy lindo viaje viendo el desierto, palmeras y una autopista tremenda llegamos a Alejandría, pero no a la terminal que pensábamos. Resulta que en las ciudades grandes hay varias terminales de micros y cada empresa tiene su parada. La nuestra era la más lejos del hostel, y mirá que yo te camino todo. Esta caminata era inviable.

Nos acercamos a la boletería de GoBus (empresa mencionada en varios blogs). Intentamos hablar con la chica que atendía para ver si nos podía ayudar, pero no hablaba español o inglés. Un señor que estaba comprando un boleto hablaba inglés. Le explicamos la situación y se ofreció a buscarnos un taxi.

Nos acompañó hasta afuera de la terminal porque decía que los taxis en la calle eran más económicos ahí. Encontramos un coche rapidísimo, le habló algo en árabe al conductor y nos invitó a subir. Yo no les puedo transcribir acá nuestras caras cuando vimos que este señor se sentó en el asiento del acompañante.

Arrancamos el viaje. Yo seguía el camino por Google Maps (que había descargado para usar sin datos). Conductor y acompañante meta charla de la que no entendíamos nada. Karina y yo riéndonos, pero esa risa nerviosa de “estas son las cosas que nuestros padres dicen que no hagamos”. ¿Cómo terminó la anécdota? Llegamos al hostel, que en realidad era un piso en un edificio. No era que llegabas y entrabas desde la calle. Este señor nos acompañó al ascensor, subió con nosotras, luego de que atendieran la puerta, nos preguntó unas tres veces si ese era el lugar correcto.  Cuando se quedó tranquilo de que estábamos en el hostel, se despidió de nosotras con una reverencia. No quiso aceptar nuestro dinero para el taxi. Nos dijo que su casa quedaba para ese mismo lado.

Sé que esta anécdota podrías haber terminado mal, pero no.

Tuvimos algunas experiencias así durante el viaje de Egipto. Samir, un huésped del hostel en Alejandría, coincidió que viajaba con nosotras a El Cairo en el mismo tren. Salimos los tres juntos caminando a la estación y, mientras tanto, él nos iba contando particularidades del país. Ya en el tren nos ubicó en nuestros asientos, se fue para el suyo que estaba en otro coche. Cuando llegamos a la estación Ramses, nuestro transfer no estaba. Samir se ofreció a llamarnos un Uber para que nos lleve al hotel en Giza. Comentan las redes que los Uber suelen timar a los turistas cancelando viajes y esas cosas. Tengo la teoría que nuestro amigo amenazó al chofer para que no se mande ninguna, porque le hablaba y le mostraba el celular, onda “te voy a estar siguiendo por la app”. Apenas bajamos del auto me escribió para ver si habíamos llegado bien.

Otro día estábamos en el metro mirando el mapa de conexiones y se nos acercó una chica a preguntarnos si necesitábamos ayuda. No hablaba mucho inglés, pero las señas nunca fallan. Nos llevó hasta la fila para sacar los tickets, pero ella se adelantó y los sacó. Nos acompañó hasta los molinetes que debíamos pasar y cuando le quisimos dar el dinero no lo aceptó. No hubo caso. Sonrió, movió la mano rechazando el dinero y se fue para el otro lado.

Todas estas experiencias nos hicieron pensar qué creer y la realidad es que no le podés creer a nadie, ni a tu vieja. Podés escuchar lo que te dicen, o leerte todos los blogs, pero la verdad es que tu experiencia va a ser la única. Todos te alarman, que los vendedores, que te van a querer comprar por camellos, que te van a atropellar cruzando la calle, pero nadie te cuenta de que hay personas que desinteresadamente te van a dar una mano… Tenés que ir y vivirlo vos.

Making our own way

I was afraid about my trip to Egypt. People tells you so many things, that It was very difficult to keep my mind away from those thoughts. I had a ticket with my friend from El Cairo to Casablanca, we planned to stay in Egypt nearly 15 days, more than the media which stay for 10 days or less. We spent New Year’s celebrations in Athens and fly to El Cairo on January 2nd.

The adventure began. Two women alone in Egypt. We didn’t book a tour for those days. Our plan was do it by ourselves. Not too crazy because is what we always do, but the comments of travelers were deep inside our minds. We decided to be aware but leave all previous comments behind. We had hostel reservations and knew which transport use from one city to another.

Our first contact was with cab drivers at the airport. It was as we were told. People talking and talking, barganing and trying to sell us the trip from the airport straight to Alexandria. It wasn’t really expensive but for our budget it was, and we knew there were a bus doing the same route. After asking a few people, we could find the bus station and the bus to Alexandria.

The bus trip was weird in some things, like: stopping at the side of the road or suddenly see a boy, in the middle of a bridge, that gave packages to the driver. This package delivery included money, given in a very discreet way.

After a good trip we arrived in Alexandria. And we had our first problem. There are several bus station in every egiptian city. We never realized about that and the one we’d arrived was really far from our hostel. No internet, no roaming in our phones to contact the hostel. So, we decided to ask how to reach the hostel at the Go Bus ticket office (this is a company highly recommended in traveler’s blogs). The employee didn’t speak English, but the man who was buying a ticket does.

He offered to procure a taxi for us and tell the driver where we where going. At least, that was what we understood. This man got on the taxi with us, talked to the driver all the way. Founded the entrance to the building, took the elevator with us (the hostel was in a 10th floor) and he didn’t let us lonely until he, and we, were safe at the hostel front desk. He didn’t accept our money to pay the taxi.

I know, this anecdote could have ended badly, but not.

My friend and I had a few experiences like this in our journey thought Egypt. A guest of the hostel was traveling with us on the train back to Cairo, he accompanied us to the seats of the coach. Once we arrived at the Ramses Station, he called us an Uber to get to the hotel in Giza and was in touch to see that we arrived safely. Other day, a girl at the metro station saw us looking the map and help us to find the right platform, offered to buy our tickets but she didn’t accept the money. She didn’t speak fluent English but sign language is global and with a smile and hand move she rejected our cash.

All this experiences made us think what to believe. And we realised you can’t believe anybody, even your closest friend.  It’s true what people tell you about cultural shock, the harassment of salesmen, but it’s also true you’ll find beautiful people ready to extend their hands to help you.

You must go to that place and live it.

Salerno (y mi arrepentimiento de pensar que era sólo un lugar para hacer base)

Hay un lugar en Italia que desde el momento que ví la foto quise conocer. (Si, tengo que dejar de ver fotos y leer blogs de viajeros). Se llama Paestum, son ruinas de una ciudad construida por colonos griegos, entre los siglos VII y VI antes de Cristo. Se encuentra a media hora, en tren de Salerno.

En esta parte del viaje estaba acompañada por un amigo inglés que conocí en México y, cada vez que cruzo el Atlántico, se toma unos días de vacaciones para pasear conmigo. Hemos paseado por Berlín, Londres y ahora era el turno de Nápoles en medio de un clima muy frío, con aguanieve incluida. Esto modificó los planes de lo que queríamos conocer. Chau caminatas por la calle y la costa, hola lugares techados (y que cerraran las puertas).

La gran nevada en Roma, del 26 de febrero de 2018, hizo colapsar todos los medios de transporte, y esto provocó una reacción en cadena de demoras por todo el país.

Nuestro tren a Salerno salió con 3 horas de demora y hasta cierto punto fue divertido ver cómo te manejas ante una situación así, dependiendo del país que seas. Había dos equipos, uno de ingleses y alemanes que miraban las pantallas o despejaban dudas con el guarda del andén cada vez que aparecía y el de los italianos (más una argentina infiltrada) que se abalanzaba, sobre la máquina de cada tren que ingresaba a la plataforma, para preguntarle al conductor adónde iba.

El paisaje entre Nápoles y Salerno es increíble y la nieve lo hacía aún más.

IMG_20180227_152204318_HDR

Terminamos llegando alrededor de las 17. Nuestro día estaba perdido. El B&B estaba a unas 10 calles de la estación y mientras caminábamos por la Vía dei Mercanti me dí cuenta que había sido un error pensar que no había nada para ver, que Salerno solamente, era el punto medio para conocer Paestum y la costa amalfitana.

Llegamos al B&B que atienden Antonio y su mamá María, tiramos las mochilas, Antonio nos explicó todo lo que teníamos para ver, disfrutamos un poco de la vista que tienen desde las terrazas y salimos enseguida. Volvimos a casa pasada la medianoche.

IMG_20180227_172536169

Salerno te lleva a recorrerla y caminar sin sentido. La costa que la recorre te invita a caminarla, pero es más encantador subir por esas callecitas angostas, salirte del circuito turístico y devolver el saludo a todos los locales que andan por ahí. Nunca sé si la gente te saluda, porque es así y lo hacen con todo el mundo, o lo hacen por se nota que no sos del lugar. Yo si sé, que voy saludando o sonriendo, a toda persona que me cruzo. También nos ha pasado que preguntamos por indicaciones y la persona camine un rato con nosotros para llevarnos al lugar.

IMG_20180227_175953599

En un mismo lugar encontrás un acueducto medieval, iglesias del siglo XV, la cripta dedicada a San Mateo, grafittis, la birrería en la vía Arechi y vía Dogana Vecchia y la gente super amable.

IMG_20180301_124454151_HDR

En el segundo día, cumplí mi sueño de conocer Paestum (vendrá en otro post). Hay quienes dicen que no tiene nada que envidiarle al Parthenón. El postre de la jornada fue Agrópoli, una recomendación de Antonio, que no habíamos tenido en cuenta y que agradecimos mucho.

DSC_1042

El tercer día era el de la despedida con mi amigo. Luego de arrepentirnos de no haber pensado más tiempo para Salerno, cada uno siguió su camino. Él regresaba a su casa y yo seguía camino a región de Basilicata, para conocer Castelmezzano y sus casas incrustadas en los Dolomitas Lucanos.

¿Eterna viajera? ¿Fernweh?

20160920_095857

Mucho se habla de este tema. Hay videos, textos, libros enteros que hablan sobre el tema. Yo tengo mi propia idea.

Amo viajar y también amo volver a mi casa. No por el apego material de los muebles o los ladrillos, sino por todo lo que fui haciendo para que mi hogar refleje lo que soy. Y no para que el resto de las personas lo vea lindo, sino para que cuando abra la puerta me invada mi lugar.

Pienso que no podría dejar todo e irme a recorrer el mundo indefinidamente. Necesito mi casa, me carga de energías, me ayuda a pensar.

Hay algo que si tengo claro. Los espacios de tiempo entre mis viajes son cada vez más cortos. Los primeros viajes fueron anuales, luego cada seis meses y ahora he planeado viajes con espacio de dos meses entre uno y otro. Se me está haciendo muy necesario partir.

Tengo la curiosidad a flor de piel. Me pongo contenta si escucho un acento o un idioma. Pienso en las comidas nuevas que probaré. Los lugares que voy a conocer y toda la historia que pasó por ahí.

Me sorprende la cantidad de gente que pasa las vacaciones en un mismo lugar. Pueden pasar años yendo a la misma ciudad y haciendo lo mismo todos los días. Los respeto, pero no los entiendo. Hay tanto mundo por ver. Tantas cosas por aprender. Es como dicen, viajar además de eliminar todos los prejuicios que se puedan tener sobre otras culturas o personas, te ayuda a formar tu propia visión.

Sé que no sufro de Fernweh. Si tengo las ansias de andar, pero el fernweh tiene un poco de melancolía y tristeza. Nada más lejano de los motivos por los que emprendo un viaje.

Muchos viajan para encontrarse. Yo no salgo con esa intención, pero cuando regreso me doy cuenta que algo cambia. Cada viaje moviliza, a veces más, otras menos, pero si se viaja con la idea de encontrar una respuesta pienso que es mucha presión. Tiene que fluir. Los pensamientos se aclaran de formas y en los lugares más impensados.

 

Roma (Italia) – Se va la primera…

Roma es una ciudad mentirosa para lo que no somos fans de los museos. Sin querer te pasas caminando 3 ó 4 días en un museo a cielo abierto. Es de esas ciudades que mientras paseas no dejás de preguntarte: ¿cómo hicieron para construir esto?

Mi llegada a la città eterna fue días después de pasear por la “Italia civilizada”, como me dijeron, Florencia y Venecia. A la media hora de estar caminando por Roma ya había escuchado gritos entre automovilistas y varios gestos de manos y brazos. No pude evitar sentir algo de nostalgia de mi Buenos Aires. Los argentinos somos una mezcla de muchos inmigrantes, pero se nos nota la “tanada”. Me sentí en casa.

En mi caminata de reconocimiento pasé por Santa María Maggiore. Caminé por la vía delle Quattro Fontane, que se llama así porque en el cruce con la vía del Quirinale hay una fuente en cada esquina, como incrustadas en los edificios. Me perdí un rato, algo típico en mí, y llegué a la vía del Corso que es la calle donde están las grandes marcas de ropa.

Mi presupuesto solamente me permitía ver las vidrieras así que hice eso mientras caminaba derecho ya que el final de la “vía” había visto algo gigante iluminado y quería saber que era. Llegué al “Altare della patria”, monumento a Vittorio Emanuelle II, primer rey de Italia.

Sacaba fotos a este “altare” como hipnotizada y se me ocurrió mirar a la izquierda. Estaba el Coliseo, ahí, iluminado, con poca gente, llamándome. Yo no lo podía creer. Es de esas imágenes/momentos que te quedan grabadas y nunca te las vas a olvidar. Caminé por la vía dei Fori Imperiali, al punto casi de la emoción. Viendo por fuera el Foro Romano, las columnas, los arcos y las estatuas. Me hubiese gustado tener una máquina del tiempo, ya que si ahora es impresionante, no puedo imaginarme como era en su momento de esplendor.

Los cuatro días (y un poquito) que estuve en Roma caminé mucho, pero mucho.
El primero lo dediqué al Free Walking Tour y más tarde al Vaticano. Fui en una visita guiada ya que el arte no sería mi fuerte. Los guías suelen explicar las obras más emblemáticas y, el tiempo que les queda, hablan de las obras que a ellos más le gustan (me lo confesaron), pero si hay algo que te gusta o te llama la atención no tienen ningún problema en responder. Son tantas obras que podrías pasarte un mes viéndolas en detalle.

El segundo llegaron unos amigos desde Buenos Aires así que nos dedicamos a caminar sin sentido. Mirando todo. Pasé por muchos de los lados que ya había visto, pero no me importaba. Hubo lugares a los que me encantó volver, como el Panteón, me parece increíble y es de esos lugares que marcas en el mapa antes de viajar y decís: “ahí tengo que ir”.

El tercero nos fuimos para Pompeya. Una de las mejores decisiones. Las ruinas son increíbles! Y hasta tuvimos tiempo de pasear por Nápoles, comer pizza, helado y ver las características callecitas con la ropa tendida entre los edificios.

El cuarto lo dedicamos al Coliseo y Foro. La reseña histórica, que es la que todos sabemos o podemos buscar por internet, pero entrar en esos lugares y subir las escaleras o caminar los pasillos es algo indescriptible. Por la tarde de este día volé para Barcelona.

Algunos extra tips y una recomendación:
– Me pareció genial ver los monumentos de día y de noche. Las luces lo cambian todo.
– Con mapa en mano podés organizarte que ver, y casi no necesitas tomar transporte público.
– La zona de Termini, entre las estaciones de metro República y Castro Pretorio, es un buen lugar para buscar alojamiento BBB (bueno, bonito y barato).
– Por la tarde/noche el Trastevere es lindo para cenar, ver alguno de los espectáculos callejeros o comprar artesanías.
– Piazza Navona también es un lugar tentador para sentarte en alguno de sus bares.
– Podés comer, tranquila/o, y mirando el Coliseo si vas hacia el lado de la vía di San Giovanni in Laterano. Los restaurantes de esa calle ponen mesas en la vereda.
– Para salir/llegar del aeropuerto Fiumiccino hay opciones de bus o tren desde/hasta Termini.
– Recomiendo comer mucho helado.

             DSC_0207

 

Edimburgo (Escocia)

Terminé en Edimburgo porque siempre me llamó Escocia. No hay una explicación lógica. Son esas cosas inexplicables. Cuando organicé mi segundo viaje por Europa, me di cuenta que no podía dejarlo pasar.

Volé un sábado de abril al mediodía desde Amsterdam. Edimburgo me recibió con un sol radiante. Algo que, según dicen, no pasa seguido. Dejé mis cosas en el hostel y salí “disparada” a recorrer.  A unos metros del hostel está el Princess Street Gardens, donde se encuentra el monumento a Sir Walter Scott y la Scottish National Gallery. Los bancos estaban llenos de gente disfrutando el día. Caminé casi hipnotizada por el sonido de una gaita. Una vez que encontré la fuente del sonido, me quedé sentada en el piso escuchando la música hasta que el hombre (vestido con su tradicional kilt) les cedió el espacio a un grupo chicos que hacían percusión.

Edimburgo no es una ciudad de las grandes, pero todo lo que tiene es lindo. Lo que llaman “new town” está llena de negocios, grandes tiendas  y bares tradicionales para escuchar música típica y degustar cerveza artesanal o la especialidad del lugar, el whisky.

Del lado de la “old town” te encontrás con la parte más tradicional. La que vimos en las películas. Es más, en Trainspotting 2, cuando Begbie encuentra a Renton en el baño del pub y salen corriendo, se puede ver calle donde estaba mi hostel y el callejón por el que yo pasaba todos los días. Fue una hermosa sorpresa.

Volviendo al tema, del lado de la ciudad vieja, se pueden ver los edificios tradicionales. Comenzando la caminata en el Palacio de Holyroodhouse, residencia de los reyes de Escocia, se puede ir subiendo por la Royal Mille mientras vas observando el nuevo edificio del Parlamento, la casa de John Knox, alguno de los pequeños cementerios que tiene la ciudad.

Al final de la Royal Mile está el Castillo de Edimburgo. Construído sobre un volcán inactivo funcionó como fortificación militar desde el Siglo XII. Allí es posible ver alguna exposición de turno, las joyas de la corona, cañones, armas, espadas y la piedra del destino, donde eran coronados los reyes de Escocia. Uno de los edificios dentro del castillo rinde homenajes a los escoceses caídos en todas sus batallas.      

Un lugar interesante, y que los algunos escoceses no pueden explicar sin reírse, es Canton Hill. Esta colina tiene una vista panorámica hermosa de la ciudad y en la cima varios monumentos que no tienen explicación o conexión, pero gracias a esto le dieron el nombre de “la Atenas del Norte”. Se puede observar: réplica del frente del Partenón, un obelisco, un observatorio, el monumento al Vicealmirante Nelson. Desde aquí además de observar Princess Street con todo su esplendor, es posible ver Salisbury Crags y Arthur’s seat. Estos dos últimos lugares están dentro del Holyrood Park, y es posible ver gente local y viajeros caminando (o corriendo) sus senderos tratando de llegar a la cima, al Arthur’s seat, donde se obtiene LA vista panorámica 360° de Edimburgo.

Algunos extra tips:

  • Si te gusta Harry Potter, Juego de tronos o Corazón valiente. Te vas a cansar de encontrar referencias por la ciudad
  • No te podés ir sin probar el desayuno típico escoces.
  • Perdete en un bar mientras tomás algo y escuchas música tradicional escocesa en vivo.
  • Llegar desde el aeropuerto al centro de la ciudad es muy fácil. Podés tomar el tranvía en Princes Street (Edinburgh trams) o un bus (Airlink) directo hasta la estación Waverley. Ambos hacen el mismo trayecto. El tram es más caro.  
  • A los guías escoceses les encanta entrar a los cementerios y contar historias de misterios y fantasmas, que tienen muchas.  Hacen tours nocturnos muy escalofriantes.
  • Nunca llames “pollera” a su kilt, ni les preguntes si es verdad que no usan ropa interior. Lo consideran una gran falta de respeto.
  • No le hagas caso al pronóstico del tiempo. Todo puede suceder en media hora. Siempre lleva un paraguas.